Nota de un ciudadano español ante las elecciones del 9 de marzo
1. Los españoles hemos sido convocados a las urnas para el próximo 9 de marzo. Como en otras ocasiones semejantes, yo como ciudadano ofrezco a los católicos y a todos los que deseen escucharme algunas consideraciones que estimulen el ejercicio responsable del voto. Hablo como ciudadano español que tiene la obligación y el derecho de opinar que es necesario hacer cuando se toman decisiones que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos y a la promoción del bien común.
2. Con tal finalidad pienso que es éste un momento apropiado para leer y meditar de nuevo la Constitución Española. Recuerdo algunas ideas fundamentales de esta Constitución, que han de ser comprendidas, por tanto, en el conjunto de aquel relevante texto.
3. Respeto a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pido libertad y respeto para proponer libremente mi manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni mi intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás. Deseo colaborar sinceramente en el enriquecimiento moral de nuestra sociedad, en la consolidación de la tolerancia y de la convivencia, en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible de la paz.
4. Si bien es verdad que los ciudadanos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la libertad y las exigencias de la vida en común, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los ciudadanos libres y responsables deben promover en la vida pública.
5. Los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas. No se debe confundir la condición de aconfesionalidad o laicidad del Estado con la desvinculación moral y la exención de obligaciones morales objetivas por parte de los obispos. Al decir esto pretendo que los obispos se sometan a los criterios de la Constitución Española y que se atengan al denominador común de la moral fundada en la razón de la democracia, de la convivencia y de la experiencia histórica de cada pueblo.
6. “Es preciso afrontar - señalo - con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto al recorte de las libertades individuales y colectivas, a los derechos de todas las personas, a la libertad de decisión y de pensamiento y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio entendido como la unión entre dos personas (sea cual sea su sexo) que se aman, evitando introducir en el ordenamiento público recortes de libertades que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social. La legislación debe proteger al matrimonio en libertad, empezando por consolidar el derecho a que todos puedan disfrutar de él.
7. No es justo tratar de construir artificialmente una sociedad sin referencias democráticas, exclusivamente religiosa, sin respeto a las ideas de los demás ni aspiración ninguna a la libertad y la igualdad de derechos. En ese sentido parece que apuntan, entre otras cosas, las trabas que ustedes ponen para incorporar el estudio libre de la educación para la ciudadanía en los currículos de la escuela pública, así como el intento de obligarnos a todos a estudiar su religión, lo que lesiona el derecho de los padres - y de la escuela en colaboración con ellos - a formar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones democráticas, éticas y morales. Es necesario promover un gran pacto de Estado sobre la base de la libertad de enseñanza y la educación de calidad para todos.
8. El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo. Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede perder la oportunidad de acabar con el terrorismo, con los medios que a su alcance están: la acción policial, la justicia y, llegado el caso, la negociación, como han hecho todos los gobiernos democráticos de éste país.
9. Reconozco la absoluta legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la configuración política de España. Creo que son muchas más las cosas que unen que las que nos separan a todos los españoles, y haré todo lo que esté en mi mano para que sigamos unidos como Estado pero si una parte de ellos decidiera en libertad no participar del proyecto común que hoy compartimos, respetaría su decisión. Hay que evitar los riesgos de la manipulación y de la revisión de la historia y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas, resucitando el nacionalismo totalitario, dictatorial y excluyente que es, precisamente, el que nos ha llevado a ésta situación.
10. En este momento de la sociedad española, algunas situaciones concretas deben ser tenidas muy particularmente en cuenta. Me parece que los inmigrantes necesitan especialmente atención y ayuda. Y, junto a los inmigrantes, los que no tienen trabajo, los que están solos, las jóvenes que pueden caer en las redes de la prostitución, las mujeres humilladas y amenazadas por la violencia doméstica, los niños, objeto de explotaciones y de abusos, y quienes no tienen casa ni familia donde acogerse. Hay que trabajar también para superar las injustas distancias y diferencias entre las personas, tratando de resolver los problemas más acuciantes, como son el trabajo, la vivienda accesible, o el disfrute equitativo de la naturaleza, compartiendo dones tan indispensables para la vida como el agua y cuidando con esmero el patrimonio común de la naturaleza. En el orden internacional, es necesario atender a la justa colaboración al desarrollo integral de los pueblos.
Que la madurez democrática ilumine y fortalezca a todos para actuar en conciencia y conforme a las exigencias de la convivencia en justicia y libertad.